Agricultura
Ayudamos a que la tierra de Sierra Leona vuelva a alimentar a su gente
Sierra Leona tiene tierra fértil, clima húmedo y agua suficiente para producir sus propios alimentos, y no está poblada en exceso. Aun así, importa cerca de un tercio del arroz que consume, los precios de los alimentos son altísimos para una renta tan baja y alrededor del 24% de la población pasa hambre. Paradójicamente, la escasez es mayor en el campo que en las ciudades.
Fuentes: Associated Press (2024) · Integrated Regional Information Networks (2007) · United Nations (2024)
El sector nunca se recuperó del todo de la guerra civil (1992-2002), que desplazó a la población rural y acabó con la mitad de la cabaña ganadera del país. Pero la causa principal es otra: una técnica agrícola ancestral basada en quemar el bosque para sembrar sobre las cenizas.
El método consiste en desbrozar, dejar secar la vegetación y prenderle fuego. La ceniza actúa de abono para uno o dos años de cultivo; después la vegetación reinvade el terreno y hay que abandonarlo y quemar otro. Es una agricultura itinerante que, con los años, ha quemado casi todo el país: apenas queda menos del 5% del bosque primigenio, la fauna pierde su hábitat y la lluvia erosiona un suelo sin cobertura vegetal.
Fuentes: Wadsworth y Lebbie (2019)
Este sistema da una cosecha modesta pero estable: no crece con los años, y la única forma de producir más es quemar más superficie o quemarla con más frecuencia, lo que agota aún más la tierra. Mientras tanto, la población crece a uno de los ritmos más altos del mundo (se estima que crecerá un 45% hasta 2050) y los alimentos no aumentan al mismo ritmo. El resultado es la emigración: primero del campo a los suburbios de las ciudades, después a otros países, sobre todo a Europa.
Fuentes: United Nations (s.f.)
La dieta habitual (arroz, yuca, boniato, cacahuete, fruta, algo de pescado y ocasionalmente carne o pan) apenas varía y carece de huevos, leche o azúcar. Las familias no almacenan excedente ni reservan semilla para el año siguiente: lo que sobra se vende para comprar otras cosas, y cuando llega la temporada de lluvias, muchas se quedan sin nada que comer.
Trabajamos por una agricultura orgánica que recupere la fertilidad de la tierra, con mejores semillas, más ganado (para proteína y para abono) y herramientas que multipliquen el rendimiento del trabajo manual. Empezamos con un grupo reducido de familias piloto, cuyos resultados sirvan de ejemplo a las demás, y contamos con la participación activa de las mujeres, que tradicionalmente llevan los huertos y cultivos más productivos.



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